La vinculación afectiva intensa entre padres e hijos tiene diversas consecuencias, tales como sensación de protección, seguridad, pertenencia y la capacidad para regular sentimientos o emociones adversas.
Por Daniela Vieira Papapietro, psicóloga.

Los niños que han tenido y tienen vínculos positivos con sus padres, son niños -y posteriormente adultos- que se sienten seguros de sí mismos, que conocen sus virtudes y sus debilidades y tratan de superarlas día a día (y no de esconderlas o atribuirle responsabilidades a otros, ni intentan opacar a los demás para así poder brillar ellos), son capaces de entablar relaciones interpersonales sanas, estables y duraderas en el tiempo. Sin duda alguna, tienen una mejor calidad de vida y un mayor bienestar.

¿Cómo podemos generar y potenciar mejores vínculos con nuestros hijos?

  • Siendo conscientes que los hijos necesitan a sus padres, que éstos son un potente referente emocional para su desarrollo afectivo, social e intelectual. Por eso, es importante pasar más tiempo con los hijos, estar con ellos, jugar con ellos. “Estar” significa no hacer nada más que no implique simplemente estar con ellos. Destinar tiempo de calidad y de vinculación entre padres e hijos deja absolutamente excluido en este tiempo: revisar los e-mails, mandar mensajes por WhatsApp, hablar por teléfono.
  • Trabajar en que el amor y el cariño sean los protagonistas en la relación padres-hijos. Que sea visible, concreto y real el amor que se siente por el otro. Expresarlo concretamente a través de gestos, acciones y cariño.
  • Vincularse con los hijos implica estar en sintonía con ellos. Esto significa estar atentos a sus necesidades, a sus tiempos y a sus emociones, lo cual requiere de un gran nivel de empatía, de la capacidad de poder leer al otro y lo que éste necesita.

Muchos niños y adolescentes se quejan de que sus padres parecieran no conocerlos: no conocen sus gustos, sus intereses, sus miedos, sus sueños y eso genera diversas emociones como rabia, tristeza, desilusión y distanciamiento. Como adulto, debo ser capaz de abandonar mis intereses, a favor de las necesidades e intereses de mi hijo.

  • Verbalizar frases que contengan mensajes de protección, seguridad, afecto y de incondicionalidad. “Eres muy importante para mí”, “Te quiero mucho”, “Siempre puedes contar conmigo”, “Acá estás seguro”.
  • Para vincularse positivamente, también es necesario implementar un sistema de comunicación abierta, funcional y efectiva dentro de la casa. Decir lo que se quiere decir y no lo que quiero que el otro adivine. Que el mensaje de lo que estoy diciendo esté acorde con mis gestos no verbales y postura del cuerpo. Es muy confuso para todos, cuando alguien está hablando sobre algo triste y al mismo tiempo está sonriendo, por ejemplo. También es necesario tener una escucha activa frente al otro: aprender a escuchar, tener la intención real y genuina de entender al otro.